Una forma de buscar ser un buen ejecutivo en una empresa es evitar aquellas cosas que en general se califican como malas.En un breve libro de Sydney Finkelstein, 7 Malos Hábitos de la Gente sin Éxito (7 Bad Habits of Unsuccessful People) se hace un listado coherente al respecto.Muchas personas han utilizado su talento o habilidad para salirse del camino, para hacer cosas diferentes. Esto que puede verse inicialmente como virtud, se convierte en vicio con consecuencias desagradables. El autor describe los malos hábitos así:
- La ilusión de que es más que los demás. Esta nace de la auto confianza que deja desbocar; la persona empieza a sentirse por encima de cualquier crítica y se desconecta de la realidad.
- La ilusión de la propiedad. Llegar al nivel de sentirse tan importante y confundir que la persona es la empresa y que todos trabajan para él.
- La ilusión que todo lo sabe. Siempre hay una positivo talento para enfrentar algún aspecto de la vida empresarial. Si el éxito es continuo, la persona puede empezar a creer que posee talento para solucionar cualquier cosa, incluso aquellas por fuera de su rango de acción.
- Rechazo a aprender. “No me diga nada, ya lo se todo.” Al repetir los éxitos del pasado, no ve la necesidad de hacer ajustes relacionados con las modificaciones del entorno. Cierra los ojos ante evidencias de cambios en el negocio y se cree dueño de la verdad.
- Ilusión o espejismo de que puede superar cualquier cosa. La persistencia, la elasticidad y la determinación son virtudes indiscutibles. Otra cosa es cuando se convierten en obstinación.
- Obsesión con la imagen pública. Preocuparse por la reputación es vital para cualquier líder empresarial y parte importante de su esquema de relaciones públicas. Pero cuando la imagen interfiere con la gestión, no demoran en aparecer problemas. La mejor imagen a dar es la de austeridad.
- Considerar desleales a quienes disienten. “Se hace a mi manera o no se hace.” Un líder efectivo requiere apoyo y aprecia la lealtad. Debe inspirar a sus colaboradores para alinearse con su estrategia. Pero los desacuerdos, lejos de entorpecer, enriquecen. Cuando su gente anuncia y reporta problemas, debe escucharse.
Estos errores están todos conectados con los directivos tipo “imperial” a quienes se les sube el poder a la cabeza. El éxito mal administrado es el que dispara estos malos hábitos. Todo ejecutivo de éxito tiene alguno de estos hábitos. Si no, es poco probable que llegue a las posiciones de dirección de la empresa. Lo grave es que se salgan de control.
Por esto, es importante que con alguna periodicidad, por ejemplo cada semestre, los líderes hagan una autocrítica de sus comportamientos y determinen cuando han pasado un límite inadecuado.
